Cuando hace unos meses comentaba acerca de Battlefront 2 y sus enigmas, lejos estaba de imaginar la tormenta que se avecinaba. Prácticamente cada día desde que se acerca la fecha del lanzamiento Internet ha estado ardiendo, literalmente, por temas relacionados con las infaustas cajas de loot, la progresión de niveles y la caradura, descarada e injustificable, de una compañía que hace todo lo posible por explotar económicamente a sus usuarios sin el menor disimulo.

Todo comenzó cuando los usuarios que accedieron a las copias iniciales, tras una beta algo desangelada, se dieron cuenta de que para desbloquear a personajes clásicos como Luke o Darth Vader había que jugar nada menos que 40 horas para obtener puntos suficientes (40 horas por personaje, ojo). O cuando se dieron cuenta de que las copias de prensa estaban bastante más reducidas en ese sentido (10.000 puntos frente a los 60.000 del juego final). Ello, unido a unas más que desafortunadas declaraciones de uno de los responsables de EA en Reddit, que supusieron el récord de dislikes de esta conocida página (más de 400.000, una salvajada), obligó a la compañía a recular y a reducir en un 75% el número de créditos necesarios para dicho desbloqueo.

El asunto, lejos de mejorar, empeoró cuando páginas como IGN demostraron que aun gastando más de 100 euros en cristales del juego, (la moneda de cambio interna del juego), solo se obtenía un 1% de cartas raras, frente a un 72% de cartas comunes para mejorar armas, personajes o naves. Esto, unido a la furia de la comunidad y a la crítica unánime de la prensa (que ha penalizado severamente esto en la puntuación de muchas críticas del juego), ha llevado a EA a eliminar, de forma temporal, los micropagos del juego hasta dar con una fórmula que sea menos vergonzosa.

Porque todo esto es vergonzoso, se mire por donde se mire. El atractivo de la franquicia Star Wars es innegable, pero la sinvergonzonería de sus responsables (no hablo de la desarrolladora DICE, ojo: culpo directamente a los de arriba) no tiene nombre, y si con el anterior Battlefront se cometió la barbaridad de cobrar 50 euros por un season pass de contenido que debía haber estado en el juego, un juego falto de contenido, campaña y modos de juego, ahora que todo eso parece corregido se sale por la tangente con esta estrategia absolutamente descarada, infame y vil. De nada me sirve, lo siento mucho, ese texto que han lanzado hoy diciendo que lo que quieren es dar un juego que inspire amor a la comunidad. Y una porra. Lo que quieren es el dinero de la comunidad, y si retiran los micropagos o reducen el desbloqueo de ciertos personajes clave es por control de daños, simple y llanamente.

Al juego le están lloviendo los palos por todo esto, y con toda la razón del mundo. Hay quien dice que es conveniente separar lo relativo al mercado de lo relativo al juego en sí, pero no termino de estar de acuerdo del todo con ello. Es cierto que Assassin’s Creed Origins tiene sus micropagos y su tienda de los horrores, o FIFA 18, o tantos otros. Pero en ninguno de ellos sientes que te estén cercenando el juego a menos que pagues cantidades ingentes (yo en AC: origins no he gastado un duro y lo estoy disfrutando como muy pocos juegos en mi vida; respecto a FIFA, jamás he gastado un duro en sobres de cromos, ni pienso hacerlo, y no por ello disfruto menos del título).

No, esto es diferente. EA está dividiendo a la comunidad no a través del DLC, como hizo en la primera parte, sino con un sistema de progresión bochornoso, que revela que solo le interesa cobrarnos 200, 300 o 500 euros de aquí a unos años por un juego de disparos en primera persona que, salvo que el análisis del juego en el que me voy a meter a partir de hoy mismo, tampoco creo que vaya a inventar la pólvora en su género, y que va a necesitar muchas virtudes para quitarse el lastre, doloroso e imposible de separar de él, de la estrategia de mercado que lo acompaña.