Tras su lanzamiento el pasado 4 de octubre, la Sega Mega Drive Mini se ha convertido en la comidilla del sector por su buen hacer general, que tiene ya a muchos diciendo que estamos ante la mejor consola de estas características lanzada al mercado desde que Nintendo inició la tendencia con su NES Classic, hace ya tres años.

Se está alabando, y mucho, la profundidad de un catálogo más generoso que en los casos anteriores (donde las otras ofrecían entre 20 y 30 juegos, la de Sega incluye 42, abarcando casi todo tipo de géneros), así como la presencia de títulos realmente difíciles de conseguir a estas alturas, caso de Tetris, por ejemplo. Asimismo, se ha resaltado, y con toda la razón, la superioridad de las emulaciones en comparación con anteriores intentos de consolas que reconstruían el catálogo de la Mega Drive con bastante peor fortuna.

Sin embargo, a mí como usuario me surgen varias dudas razonables que, de momento, ningún análisis ha sabido resolverme:

1.- ¿Merece la pena comprar este aparato al precio de salida?

Dadas las bajadas de precio de la Playstation Classic Mini, que salió nada menos que a 99,99 euros, y pasados unos pocos meses llegó a alcanzar los 29,99 tras su descalabro comercial, parece razonable plantearse si pagar casi 80 euros por el caso de Mega Drive Mini es o no una buena decisión a estas alturas del curso, y en plena campaña pre-navideña.

Personalmente, creo que es una barbaridad pagar esta cantidad por un producto de estas características. No, no va a agotarse, como amenazan muchos agoreros apocalípticos (ahí están las dos de Nintendo para demostrarlo), y ya sabemos que las políticas de precio de Sega nada tienen que ver con las de su antigua némesis en 16-bits. Mi impresión es que de aquí a unos meses bajará hasta situarse en torno a 40/50 euros, sin duda algo bastante más sensato para este tipo de productos.

2.- ¿Por qué no se incluyen los mandos de seis botones en el pack, sino que se venden por separado por 20 euros?

De nuevo, hagan sus apuestas. Hay quien afirma que la experiencia original de Mega Drive debe vivirse con sus mandos originales, como también se llegó a decir en pleno delirio cuando salió la mini consola de Sony. En mi opinión el asunto se reduce a un tema de costes: es más barato un mando de tres botones que el de seis, del mismo modo que los mandos originales de la Playstation eran más baratos de producir que el Dual Shock. Si además de cobrarte 80 euros por la consola te cobran otros 20 por un mando por aquello de jugar en las mejores «condiciones» a Street Fighter 2 o Eternal Champions, el negocio es redondo para Sega, pues ya estamos en la cifra mágica de 100 euros.

3 .- ¿Por qué faltan títulos clave en la historia de Mega Drive, como Sonic 3 & Knuckles, Rocketknight Adventures, Soleil, Ristar y un largo etcétera?

Sega se ha hartado a repetir que han hecho un esfuerzo tremendo para negociar ciertas licencias con compañías como Capcom, Konami o Disney y que así los usuarios de Mega Drive puedan tener títulos como Mega Man, Castle of Illusion, Earthworm Jim, Castlevania o Street Fighter 2. Por supuesto, son esfuerzos realmente loables y hacen de este catálogo una auténtica joya para coleccionistas; sin embargo, y por bienvenidas que son todas esas incorporaciones, no hacen menos dolorosas algunas ausencias inexplicables de las que ya me ocupé hace tiempo de señalar.

De todas ellas, a mi juicio la más imperdonable de todas es Sonic 3 & Knuckles, que fue sin duda el título más importante de la historia de la consola en sus últimos años de vida, y que aguantó el tipo con dignidad mientras Nintendo se dedicaba a sacar una obra maestra tras otra para su SNES. No es la única, y en ella figuran algunos ilustres sin los cuales para mí es absolutamente inexplicable hablar del éxito de una consola que no se entiende sin esos juegos deportivos o títulos tan abrumadores como Mortal Kombat, Aladdin o Jurassic Park, cuyas versiones fueron las mejores en su día y definieron a toda una generación de jugadores. Las excusas de licencias, por supuesto, valdrían para algunos de estos títulos, pero desde luego no para el erizo azul, la puñetera mascota de la compañía. Por ahí sí que no paso.

Y la pregunta del millón, ¿está destinada Mega Drive Mini a convertirse en otro pisapapeles decorativo sin apenas valor como sistema de juegos?

En realidad, esta es una cuestión fuera de duda, ya que mucho me temo que la respuesta es un doloroso «sí, en toda regla». A Mega Drive Mini le va a ocurrir exactamente igual que a todas las anteriores (y futuras sucesoras) consolas «mini»: el cajón, el olvido o el lugar decorativo en la estantería. Por más que aquí discutamos sobre calidad de emulaciones, profundidades de catálogos y ausencias más o menos justificadas, lo cierto es que estamos hablando de sistemas cerrados de juegos de hace mil años, la mayoría de los cuales ha envejecido bastante más que sus usuarios de entonces, que ya es decir. Hablar de juegos de hace 25/30 años en esta industria es hacerlo de auténticos dinosaurios que, con honrosas excepciones, no van a durar demasiado en nuestras manos.

No voy a engañaros: Mega Drive fue mi primera consola, tengo un cariño inmenso por ella y muchos de sus títulos, y mentiría si no reconociera que me tienta enormemente su adquisición en versión en miniatura. Sin embargo, y más allá del indiscutible tema económico, no puedo evitar pensar ahora, ya a mis muchos años en esto, que la memoria es un espacio donde los recuerdos se distorsionan con el tiempo. Por supuesto que muchos de estos títulos siguen conservando buena parte de su encanto y jugabilidad, pero nosotros ya no somos los mismos que con 8 o 10 años los probamos entusiasmados, y en absoluto nos van a aportar ya aquellos fenomenales momentos, sino como mucho algún que otro arreón nostálgico y poco más. Resulta desolador enfrentarse a títulos que adoraste y comprobar que en realidad no son más que un amasijo de píxeles de control tosco y obtuso.

Y el caso de Mega Drive, y mira que me pesa como seguero decir esto, es de traca. Que alguien me sostenga a día de hoy que va a perder un solo minuto jugando a Street Fighter 2 aquí pudiendo hacerlo en las fenomenales versiones que salieron hace nada para sistemas de nueva generación me parece obsceno. Qué decir de Tetris, que conocería tiempos francamente mejores que los de su versión para la consola de Sega, o ese Virtua Fighter 2 que da mucha, mucha penita. Y para jugar a títulos como Sonic 1 & 2, Streets of Rage 2 y un largo etcétera de los que sí aguantan el tipo, yo recomiendo sin ninguna duda que los usuarios vayan a por la Sega Mega Drive Classics que salió hace unos meses, y que por 20 euros (y mucho menos cables) nos permite revivirlos en igualdad de esplendor.

Eso sí, lo haríamos sin el dichoso pisapapeles glorificado, que está claro que termina siendo la gracia final de todo este asunto muy por encima de cualquier otra consideración.